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EN BUSCA DE UN CIERTA CONCEPCIÓN DEL PODER, PARTE I

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La política como instrumento al servicio de los ciudadanos o la política como un juego de poder sin más finalidad que la supervivencia. Jed Bartlet o Frank Underwood. El Ala Oeste o House of Card s. Martin Sheen representa en  El Ala Oeste a   Joshia "Jed" Bartlet, presidente ficticio de los EEUU, un personaje de envidiable integridad moral, un hombre de Estado al que no le faltan conocimientos técnicos sobre economía, un conciliador nato, un líder carismático y elocuente. Imaginen su político ideal y no lo duden, se parecerá demasiado a Jed Bartlet. Por su parte, Kevin Spacey encarnó en  House of Cards al cínico Frank Underwood, todo un animal político, el superviviente por antonomasia. Underwood es un ser despiadado, un individuo que asciende a las altas esferas del Estado gracias al juego sucio, la difamación, las amenazas. Es ante todo una metáfora exagerada de todo eso que hemos venido a conocer por el adjetivo de maquiavélico. Observamos claramente dos visi...

Ideas al vuelo para un continente en cuarentena

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No vengo a contar nada nuevo. No es esta una disertación sobre el poder, sobre la geopolítica, sobre macroeconomía. Que sean otros quienes escriban sobre ello. Vengo a soltar algunas ideas al vuelo, fruto de una cuarentena entre libros y breves paseos por el patio, cuando el tiempo lo permite. No me dejéis caer ni en el sentimentalismo ni en la grandilocuencia. Dejadme por una vez ser sobrio. Quiero deshacerme de la afectación innecesaria. Es hora de asumir que el mundo que aún estudiamos en las universidades es el mundo de ayer. Asumamos la inevitable decadencia de los valores que impulsaron la Unión Europea. Asumamos la derrota de la socialdemocracia, su muerte en lo que antes fueron sus feudos mayores. Es hora de aceptarlo, no podremos construir nada sin reconocer el problema. Asumamos que los intereses nacionales se han impuesto sobre los comunitarios, que la izquierda alemana prefiere defender a los banqueros alemanes antes que a los trabajadores griegos. Asumamos que el in...

TRES CUADROS DE DAVID Y UN RECUERDO DE ROMA

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Si la felicidad fuese una sala de museo, la mía sería la sala 75 del Ala Denon del Louvre. Es allí donde se encuentran algunos de los cuadros monumentales que David pintó antes, durante y después de la Revolución, a saber, La Coronación de Napoleón, el Juramento de los Horacios y el Rapto de las Sabinas. Hay pocos pintores que hagan brillar el metal de los escudos, los mantos blancos de las togas, el mármol de las paredes como lo hace David. Hay pocos que compongan sus cuadros con tanta elegancia, con tanto sentido de la proporción. La quintaesencia del neoclasicismo, sí señor.  Con la excepción de un cuadro, Napoleón cruzando los Alpes , que no está en París, sino en el Belvedere de Viena, de Jacques-Louis David me quedo con los Horacios. Quizás es porque estoy en Roma, quizás es por la famosa Historia de Indro Montanelli, pero estos últimos días he pensado bastante en este cuadro. No hay desgraciadamente foto que le haga justicia. Hay que verlo en el Louvre para entender de ...

NOTAS DEL CUADERNO DE VIAJES PARA EL DÍA DE EUROPA

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Los ríos. Siempre son los ríos. Fue en un río donde comenzó la civilización. Bueno, más bien, entre dos: el Éufrates y el Tigris. Porque es allí donde hay tierras fértiles para cultivar y, en consecuencia, donde se puede asentar una comunidad. Y una vez que dejamos de vagabundear por el mundo, recolectando frutos y cazando, y nos convertimos en aburridos seres sedentarios, pastores de ganado y agricultores, aparecen las ciudades. Con las ciudades nació la civilización y, aún hoy, podemos comprobar esta relación casi imprescindible. Praga y el Moldava. El Cairo y el Nilo. París y el Sena. Londres y el Támesis. Moscú y el Moscova. Roma y el Tíber. La lista sigue. Los ríos siempre han tenido ese magnetismo, quizás porque son capaces de reflejar el cielo y los árboles de la orilla, nuestra propia cara. La realidad desdoblada. También, quizás, por aquel viejo dilema de los filósofos griegos. Nunca se entra dos veces al mismo río, que decía Heráclito. Esa agua siempre en movimiento, esa e...

¿Qué era aquello de Educación para la Ciudadanía?

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No es miedo, no. Es más bien tristeza. Las banderas nunca me han gustado como refugio político. El "último refugio de los canallas", que decía el doctor Samuel Johnson. Banderas, himnos, gritos exaltados y la palabra "nación". Me viene a la cabeza aquella canción de Carlos Cano, la de las madres locas, "cada vez que dicen "Patria" [...] me pongo a temblar." Pero temblar parece implicar miedo, y ya digo, no es miedo, es tristeza. Tristeza por este país nuestro que a veces no reconozco. Cómo hemos llegado hasta aquí. En qué momento perdimos el rumbo, y el respeto y la responsabilidad. Cuándo derrapó España y se nos fue de las manos. Han salido estos días las declaraciones de muchos ciudadanos que acudieron a la manifestación del domingo. No entro en las consideraciones ideológicas, eso daría para otro artículo. Pero me entristece ver el desconocimiento de la política y de la realidad. Y de cómo un discurso cargado de falsedades puede calar en pa...
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RECUERDO DE JOHN F. KENNEDY John F. Kennedy en el Deapcho Oval durante la crisis de US Steel, 1962 Escribo hoy algunas notas, ideas al vuelo que me han venido en este veintidós de noviembre, cincuenta y cinco años después. Y cincuenta y cinco años después, aún la sombra de Jack Kennedy es alargada. Como si se tratase de un Lincoln moderno, ahora amado por todos, entonces, abandonado, odiado, despreciado incluso por los más cercanos. Pienso en la foto icónica del presidente, dándonos la espalda, con las manos sobre la mesa, la cabeza hundida entre los hombros y, al fondo, las ventanas del Despacho Oval llenas de luz. Prisionero en su propia casa. Solo, como están siempre aquellos que ostentan el poder. Como además no puede ser de otra manera, tras los muros gruesos de un palacio presidencial. ¿Qué tendrá la muerte trágica, el magnicidio, que salva el alma del individuo y lo convierte en mito, proyectándolo sobre la Historia como si fuese eterno e imprescindible?¿Cómo puede un p...

La verdadera revolución

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Madrid se despierta en otro 6 de diciembre frío, con un sol que, a pesar del incipiente invierno, abrillanta con fuerza las aceras. Otro Día de la Constitución que sucumbirá ante la pompa, la solemnidad de las conmemoraciones. Una fiesta laica, de las pocas de nuestro calendario, que siempre aparece tristemente eclipsada por otros días con más arraigo en la tradición. Y es que el 6 de diciembre debería ser nuestra fiesta nacional, el día en que la España de hoy nació definitivamente. Lo que muchos llaman proceso reformista, en nuestra Constitución, se cristaliza como una verdadera revolución. En nuestro 6 de diciembre está implícito el culmen de tantos siglos de lucha, de progreso y reacción, de paz y de guerra. En ella está la España liberal que tibiamente se esboza en 1812 y la España democrática que se levanta en 1868 y que muere rápidamente en el caos de la I República. Aquella España democrática, anhelada por tantos durante décadas, se intentará abrir paso en 1931, con el triste ...