Ideas al vuelo para un continente en cuarentena

No vengo a contar nada nuevo. No es esta una disertación sobre el poder, sobre la geopolítica, sobre macroeconomía. Que sean otros quienes escriban sobre ello.
Vengo a soltar algunas ideas al vuelo, fruto de una cuarentena entre libros y breves paseos por el patio, cuando el tiempo lo permite. No me dejéis caer ni en el sentimentalismo ni en la grandilocuencia. Dejadme por una vez ser sobrio. Quiero deshacerme de la afectación innecesaria.
Es hora de asumir que el mundo que aún estudiamos en las universidades es el mundo de ayer. Asumamos la inevitable decadencia de los valores que impulsaron la Unión Europea. Asumamos la derrota de la socialdemocracia, su muerte en lo que antes fueron sus feudos mayores. Es hora de aceptarlo, no podremos construir nada sin reconocer el problema.
Asumamos que los intereses nacionales se han impuesto sobre los comunitarios, que la izquierda alemana prefiere defender a los banqueros alemanes antes que a los trabajadores griegos. Asumamos que el internacionalismo de clase hace tiempo que desapareció. Entonces, ¿qué nos queda de Europa? Una confederación a medio camino entre el mercado único y la unidad política que nunca termina de llegar -y que no llegará.
Aceptemos que, en la imaginación de muchos países europeos, España es tan solo el país de las vacaciones, el sol, la palma y la pandereta. Hemos luchado por entrar en Europa, por alcanzar la democracia y con ella la modernidad. Lo hemos conseguido, ya nadie se reconoce en la España que aún recuerdan nuestros abuelos. Y, sin embargo, al final del día no somos más que los cerdos.
No serán capaces de ceder, a pesar de ser un minoría clara. Volveremos a pagar por mantener el estilo de vida de un norte frío y lluvioso. El coste: la miseria aún más honda de los ya miserables, la desigualdad cabalgando, la desconfianza. Luego vendrán los salvapatrias. Nos abrazaremos el día de Verdún pidiendo defender Europa de los que no creen en Europa. Pero la ultraderecha ya habrá llegado. Vale.
¿Y qué nos queda hacer? Quizás defender una cierta dignidad, de nuestro país y de nuestras gentes. Si es por salvar aunque sea solo una vida más, ¿qué importa el coste político, perder poder adquisitivo temporalmente, sacrificarnos por la República? Europa no solo fue mercado, unión monetaria. Europa es comunidad de ciudadanos,  cohesión social. Lo sé bien, lo he visto muchas veces en los carteles que flanquean los institutos y los hospitales de Extremadura, las carreteras que antes eran caminos infames o alquitrán bacheado. 
A pesar de todo, debemos defender Europa. Podré sonar contradictorio. Lo asumo: como el poeta albergo multitudes. España, con todo, sigue siendo uno de los países más favorables a la Unión y a su integración. De mala manera nos lo han agradecido siempre. Pero, ¿qué importa? Defendemos esta idea porque esta idea es también nuestra, una aspiración perseguida por muchos años. Defendemos Europa por derecho y por derecho exigimos la dignidad que otras veces nos ha sido negada. No, este no es el sur pobre, sucio, desordenado que se empeñan en dibujar. Eso será bonito para ciertas acrobacias intelectuales, una disertación  pseudo-académica, un artículo en The Guardian, pero no es válido para discutir las soluciones a esta crisis que nadie vio venir y que no es responsabilidad de nadie. Dejémonos de tonterías.
España 1950: ¿Qué queda de esta España? (Fuente: El País)
Defendamos Europa, pero no esta Europa-confederación-de-Estados. Si esto es la Unión, que le cambien el nombre. Ni ellos mismos se atienen al espíritu de los tratados que firmaron hace treinta años. No es el momento, quizás, de debatir una mayor integración, pero al menos impulsemos un discurso que reivindique la importancia de la solidaridad y la cohesión. Basta ya de disfrazar esta lucha del norte contra el sur, de responsables contra irresponsables. Asumamos que Europa, como decía Delors, se forja en sus crisis. Y que de estas discusiones saldrá la Europa que habitaremos mañana. Debemos vencer esta guerra dialéctica y política. Con la fuerza de la palabra y con la fuerza que nos otorga la mayoría de estados a favor de unas respuestas más ambiciosas a la crisis, debemos imponer una visión de Europa más allá del mercado común, de la unión supranacional de estados que, llegado el momento de crisis, solo miran por su parlamento y sus bancos. Europa es una condición de ciudadanía, una comunidad política, un mecanismo de cohesión. No invento nada nuevo, ya lo dije, no contaré nada que no sepamos: todo esto ya está escrito en el Tratado de la Unión Europea. Esta es una defensa de la esencia misma de la Unión. Nunca fue tan revolucionario atenerse a la ley.



Comentarios

Entradas populares de este blog

TRES CUADROS DE DAVID Y UN RECUERDO DE ROMA

NOTAS DEL CUADERNO DE VIAJES PARA EL DÍA DE EUROPA

¿Qué era aquello de Educación para la Ciudadanía?