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¿Qué era aquello de Educación para la Ciudadanía?

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No es miedo, no. Es más bien tristeza. Las banderas nunca me han gustado como refugio político. El "último refugio de los canallas", que decía el doctor Samuel Johnson. Banderas, himnos, gritos exaltados y la palabra "nación". Me viene a la cabeza aquella canción de Carlos Cano, la de las madres locas, "cada vez que dicen "Patria" [...] me pongo a temblar." Pero temblar parece implicar miedo, y ya digo, no es miedo, es tristeza. Tristeza por este país nuestro que a veces no reconozco. Cómo hemos llegado hasta aquí. En qué momento perdimos el rumbo, y el respeto y la responsabilidad. Cuándo derrapó España y se nos fue de las manos. Han salido estos días las declaraciones de muchos ciudadanos que acudieron a la manifestación del domingo. No entro en las consideraciones ideológicas, eso daría para otro artículo. Pero me entristece ver el desconocimiento de la política y de la realidad. Y de cómo un discurso cargado de falsedades puede calar en pa...
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RECUERDO DE JOHN F. KENNEDY John F. Kennedy en el Deapcho Oval durante la crisis de US Steel, 1962 Escribo hoy algunas notas, ideas al vuelo que me han venido en este veintidós de noviembre, cincuenta y cinco años después. Y cincuenta y cinco años después, aún la sombra de Jack Kennedy es alargada. Como si se tratase de un Lincoln moderno, ahora amado por todos, entonces, abandonado, odiado, despreciado incluso por los más cercanos. Pienso en la foto icónica del presidente, dándonos la espalda, con las manos sobre la mesa, la cabeza hundida entre los hombros y, al fondo, las ventanas del Despacho Oval llenas de luz. Prisionero en su propia casa. Solo, como están siempre aquellos que ostentan el poder. Como además no puede ser de otra manera, tras los muros gruesos de un palacio presidencial. ¿Qué tendrá la muerte trágica, el magnicidio, que salva el alma del individuo y lo convierte en mito, proyectándolo sobre la Historia como si fuese eterno e imprescindible?¿Cómo puede un p...

La verdadera revolución

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Madrid se despierta en otro 6 de diciembre frío, con un sol que, a pesar del incipiente invierno, abrillanta con fuerza las aceras. Otro Día de la Constitución que sucumbirá ante la pompa, la solemnidad de las conmemoraciones. Una fiesta laica, de las pocas de nuestro calendario, que siempre aparece tristemente eclipsada por otros días con más arraigo en la tradición. Y es que el 6 de diciembre debería ser nuestra fiesta nacional, el día en que la España de hoy nació definitivamente. Lo que muchos llaman proceso reformista, en nuestra Constitución, se cristaliza como una verdadera revolución. En nuestro 6 de diciembre está implícito el culmen de tantos siglos de lucha, de progreso y reacción, de paz y de guerra. En ella está la España liberal que tibiamente se esboza en 1812 y la España democrática que se levanta en 1868 y que muere rápidamente en el caos de la I República. Aquella España democrática, anhelada por tantos durante décadas, se intentará abrir paso en 1931, con el triste ...

España, el nacionalismo y los demonios de Biedma

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Estos días he pensado frecuentemente en aquel poema de Gil de Biedma que decía que la historia de España es, de todas, la más triste, pues siempre acaba mal. Biedma atravesaba por aquellos años una de tantas crisis personales, aumentada por la desesperación que le provocaba la terrible noción de que el régimen franquista no caería. Lejos quedaban los años en que la oposición se ilusionaba pensando que la presión internacional tumbaría al régimen franquista. La generación de Biedma había crecido en una dictadura bien asentada, notablemente estructurada en el ámbito político-jurídico e indirectamente sostenida por una población que prefería mantenerse al margen en lugar de levantarse contra un dictador que, por otro lado, contaba con una salud de hierro. Aquella era una España de pobreza y de mal gobierno, como lamentaba Biedma. Un país que hoy resulta irreconocible. Jaime Gil de Biedma Y resulta irreconocible por lo que habría de ocurrir algunos años después. Durante la Transi...

Notas desde la tumba del presidente Azaña

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Frente a la tumba de Manuel Azaña apenas se escuchan unos pocos pájaros y una brisa que mece, mansamente, los cipreses. Mucho más modesta que los grandes túmulos que la rodean, difícilmente parece la tumba de un Jefe de Estado. "Paz, piedad, perdón". Una placa nos recuerda aquel mítico discurso del presidente en los estertores de la guerra, mientras una bandera republicana descolorida ondea en el árbol que nos da sombra. Azaña murió un año después de la derrota definitiva de la República, como si los destinos del presidente y del régimen hubieran estado unidos. Como si la vida del que fuera Jefe de Estado no tuviera más sentido tras aquel amargo final. El breve exilio de Azaña fue duro, vagando de acá para allá por el sur de Francia, de Burdeos a Toulouse para, finalmente, fallecer a escondidas en Montauban. No es extraño que la vida del presidente se deteriorara rápidamente. Sin embargo, a mí me gusta pensar que Manuel Azaña murió de pena, al igual, quizás, que Machado, alg...

Por una izquierda con perspectiva internacionalista

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Está en los genes de una gran parte de la izquierda la defensa de los nacionalismos, la simpatía por el derecho de autodeterminación bajo cualquier circunstancia y la entrega total y absoluta del programa reformista a los vaivenes de causas mesiánicas y utópicas. No estaría mal todo esto si tales fines llevaran a sociedades más justas, a democracias más fuertes o a progresos en el bienestar general. Sin embargo, el nacionalismo ha conducido, en su mayoría, a sangrientos conflictos, a divisiones fratricidas y a extremismos ideológicos. En definitiva y, como decía Mitterrand, el nacionalismo es la guerra. Por ello, encuentro incomprensible esta apasionada defensa de las proclamas patrióticas que tanto realiza la izquierda. Una izquierda que, a menudo, pierde su perspectiva internacionalista, aquella que bebe de los ilustrados, de Marx y de hasta los más fervorosos revolucionarios comunistas. Desde una concepción marxista, la miseria no entiende de fronteras y hay que combatirla de maner...

ATENEO XXI: UNA INTRODUCCIÓN

El Ateneo de Madrid , sucesor del Ateneo Español , fue fundado en 1835 por un conjunto de escritores e intelectuales de la época como espacio de reflexión y debate, continuador de la tertulias de salón dieciochescas que poblaron Europa y que generaron, primero en Francia y, luego, en el resto del continente, el contexto filosófico y político necesario para derribar el Antiguo Régimen y liberar a los hombres desde la perspectiva social e individual.  Haciendo uso del nombre de aquella institución, uno de esos símbolos del libre pensamiento, quisiera hacer de este blog un espacio de pensamiento, reflexión y debate. Ateneo XXI es la manera de entender, hoy, aquellos salones eruditos y elitistas en la nueva sociedad democratizada, más abierta, participativa y dialogante. Aquí se intentarán ofrecer opiniones de una manera seria y argumentada, desde la mesura de la reflexión sosegada, abordando diversos temas genéricos, desde lo político hasta lo cultural, pasando por ideas sobre fil...