España, el nacionalismo y los demonios de Biedma
Estos días he pensado frecuentemente en aquel poema de Gil de Biedma que decía que la historia de España es, de todas, la más triste, pues siempre acaba mal. Biedma atravesaba por aquellos años una de tantas crisis personales, aumentada por la desesperación que le provocaba la terrible noción de que el régimen franquista no caería. Lejos quedaban los años en que la oposición se ilusionaba pensando que la presión internacional tumbaría al régimen franquista. La generación de Biedma había crecido en una dictadura bien asentada, notablemente estructurada en el ámbito político-jurídico e indirectamente sostenida por una población que prefería mantenerse al margen en lugar de levantarse contra un dictador que, por otro lado, contaba con una salud de hierro. Aquella era una España de pobreza y de mal gobierno, como lamentaba Biedma. Un país que hoy resulta irreconocible. Jaime Gil de Biedma Y resulta irreconocible por lo que habría de ocurrir algunos años después. Durante la Transi...